La desconocida historia de la mariguana en México

Cannabis

Por Juan Pablo García Vallejo*

La historia de la mariguana en nuestro país es una crónica de alternancias, entre permisos y prohibiciones, entre percepciones sociales de tolerancia y de rechazo, de ruptura y continuidad en los nuevos escenarios de consumo y el cambio constante de consumidores, hasta llegar a los actuales ciudadanos cannábicos y los sectores no consumidores que pretenden despenalizarla.

El análisis histórico ayuda a entender cómo llegó la sociedad al debate para levantar la prohibición de la mariguana en el México conservador del siglo XXI.

Los pioneros cañameros

Existe la creencia de que la mariguana es de origen mesoamericano, pero es una leyenda urbana de poca credibilidad. El primer contacto con el cannabis indica, su nombre científico, se dio el 12 de octubre de 1492, con el descubrimiento accidental de Cristóbal Colón del Nuevo Mundo. Con esto inicia el intercambio mundial de plantas, animales, minerales, hombres, textiles y enfermedades. Sin velas y aparejos elaborados con fibra de cáñamo que formaban las carabelas, el almirante genovés difícilmente hubiera consumado su hazaña marítima, un error providencial de grandes consecuencias.

Colonia

Después de la caída de Tenochtitlán en 1521, Hernán Cortés mandó traer planas europeas y asiáticas (entre ellas, cannabis indica), para levantar la economía de Nueva España. Corresponde al labrador Pedro Cuadrado el mérito de haber traído las primeras semillas y su método de cultivo. Los religiosos compartían el interés de Cortés, entre ellos, el obispo Fray Juan de Zumárraga, quien estableció en su rancho de Chalco, plantíos de mariguana al considerar que a los indígenas les hacía falta el cáñamo “para vivir bien”, y que con ello pagarían el diezmo a la iglesia y el tributo a los caciques. Eso no sucedió, pues a los indígenas nunca les interesó pagar limosnas a sus conquistadores militares y espirituales.

Fue Sebastián Ramírez de Fuenleal, presidente de la Segunda Audiencia, quien en 1532 permitió el cultivo de cáñamo en la Nueva España, debido al creciente interés de los españoles en esta materia prima, cuyos derivados textiles les ayudarían en su empresa marítima de exploración, descubrimiento y conquista de nuevos recorridos.4

En 1545, el rey Carlos V autorizó el cultivo de cáñamo en todo el territorio de las Indias Occidentales, y ordenó se enseñara a los indígenas a hilarlo y a tejerlo. Este hecho histórico derriba el mito popular de la eterna prohibición de la mariguana, la misma corona española reconocía el valor de la fibra vegetal como materia prima fundamental para consolidarse como el primer imperio del mundo moderno.

En las primeras décadas de la Conquista, se presentaron dos escenarios inesperados a los españoles: primero, los colonizadores y los esclavos que traían consigo, portaban enfermedades infecciosas que eran mortales a los indígenas, y fueron aliadas de la colonización, De 1519 a 1608 murieron 19 millones de nativos. Una cadena clandestina de consumidores. Y segundo, los esclavos contribuyeron al mestizaje de la sociedad naciente, al compartir con “indios”, el conocimiento ritual-medicinal del cáñamo que practicaban ancestralmente en África, y retomaron en el Nuevo Mundo.

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El cáñamo se incorporó a la medicina tradicional indígena como remedio espiritual, ante la gran mortalidad derivada de las enfermedades conocidas. Ahí adquirió el nombre universal de mariguana. Un nombre femenino porque las curanderas se llamaban María o Juana, y las prácticas médicas, supersticiosas y mágicas, fueron actividades de las mujeres. Una cadena clandestina de consumidores.

Este fue el primer cambio notable en el uso del cáñamo: de textil pasó a medicinal. Por ello, en 1550, los españoles limitaron el cultivo por órdenes del virrey Antonio de Mendoza, pero los indígenas continuaron produciéndolo discretamente para sus prácticas medicinales, y lo incorporaron al folclor y a la sabiduría popular, a ellos no les interesaba fabricar cuerdas ni lonas.

A man puts his hand next to a marijuana plant growing in a garden in Mahim, Mumbai, India.

En el siglo XVIII, los jesuitas, el sector avanzado de la Iglesia, difundieron el uso medicinal del cáñamo en el noroeste de México. En 1772, el sabio novohispano José Antonio Alzate hace la primera defensa del uso medicinal de la mariguana (a la que llama pipiltzintzintlis) en su periódico Asuntos varios, oponiéndose a las medidas regresivas de la Iglesia contra la idolatría. Algo, en su opinión, infructuoso y negativo, porque su consumo era parte del folclor del pueblo mexicano desde mediados del siglo XVI. Consideraba a la Iglesia Católica como la principal depredadora material y espiritual de los indígenas, pues basaba su poder en persecuciones y dogmas inútiles.

Los léperos y Doña Juanita

Corresponde al sector más pobre y desarraigado de la sociedad colonial, la masa de léperos urbanos, sacar a la mariguana de su santuario secreto folclórico, para llevarla a las calles de la geografía de la pobreza; el oriente y el norte del Zócalo de la ciudad de México. Allí, crean el ritual de darse las tres, al utilizarla de forma recreativa y evasiva para olvidar su miseria, y en ese contexto nace “Doña Juanita”. Esto genera un segundo viraje radical en su uso, de ritual-medicinal al recreativo. Hay continuidad en los consumidores de los sectores populares, de los tejedores pasa a los léperos.

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En el México independiente y caótico de mediados del siglo XIX, el gobernador de Colima, Francisco Ponce, pretendió prohibir el cultivo de mariguana, a lo cual se opuso el dictador Antonio López de Santa Anna. El ingenio popular respondió a los afanes controladores con el corrido “La mariguana”. Cabe precisar que tanto liberales como conservadores eran moralistas antimariguana y despreciaban a sus consumidores, los léperos, por considerarlos clase peligrosa.

En ese período aparece la sección de nota roja en el periódico Siglo XIX, con el fin de que los lectores eviten cometer los delitos ahí descritos, pero al mismo tiempo creando la imagen terrible del mariguano como potencial monstruo social. No sólo porque el consumo de mariguana era una mala costumbre de léperos, catrines, soldados y prisioneros, sino también por el mito de que producía locura y llevaba a cometer crímenes.

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En 1862 surge la institucionalización del estereotipo negativo del mariguano en la Cárcel de Belén, la cual rápidamente se convirtió en la principal “escuela de vicio” y donde las autoridades, por los beneficios económicos que obtenían, toleraban el contrabando de aguardiente y mariguana, y la promiscuidad sexual entre los presos. Ese estereotipo negativo del consumidor recreativo sigue vigente en los tiempos actuales.

Remedios milagrosos y paraísos artificiales 

El capitalismo industrial desacraliza las drogas al desojarlas de su halo ritual y presentarlas como objetos de placer y panacea contra los nuevos males de la civilización. Se preparaban y distribuían en droguerías, boticas y farmacias, y se anunciaban en periódicos y revistas como remedios milagrosos, sus consumidores ya no serán los pobres sino la clase media profesional urbana y las mujeres, quienes las compraran sin receta y a precios accesibles.

En el ambiente permisivo que caracteriza los excesos de la vida bohemia en el último tercio del siglo XIX, hay un cambio drástico en el consumo y los consumidores, representa la práctica excesiva de drogas, se pasa del uso evasivo al estético, de ser sujetos anónimos serán personalidades públicas, hombres de letras la emplean y escriben acerca de los paraísos artificiales. Paradójicamente, el capitalismo transforma la mala costumbre en un rasgo de modernidad y distinción social. Este cambio radical hace sonar la alarma sobre el peligro que representa el uso excesivo de drogas, ahora son los hombres de la civilización quienes mueren y no los anónimos léperos.

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Son los poetas modernistas quienes experimentan los excesos de las drogas y son también sus primeras víctimas mortales. Éstos quieren vivir en París pero nunca han viajado a Francia, leen y escriben en francés e imitan la moda de consumir paraísos artificiales; algunos son internados en el Hospital de San Hipólito para dementes, como José Juan Tablada, y otros morirán por el abuso en el consumo. Tablada escribirá para prevenir a sus jóvenes amigos y colegas reconociendo que sus correligionarios se dejaron extraviar al creer que en los paraísos artificiales estaba la clave del misterio de la iniciación estética.

Renacimiento cultural

Zapata

La permisividad hacia el consumo de drogas en todos los sectores de la sociedad porfirista no sólo constituye un rasgo de modernidad en las costumbres, sino también las maneras de difundir el uso de la mariguana y sus efectos a través de personajes de historieta como Don Chepito Marihuano, creado por José Guadalupe Posada en 1903. Esta incursión de la cannabis en la cultura popular comprueba la fama de la yerba en la sociedad de doble moral que aplicaba políticas autoritarias de salud basadas en criterios racistas.

Con el asesinato de Francisco I. Madero, la Revolución Mexicana comienza una etapa más violenta. Victoriano Huerta toma el poder y su gobierno se convierte en una orgía de sangre, muerte y mariguana. El rechazo al usurpador se acrecenta en el imaginario popular al identificarlo con el corrido “La Cucaracha”, no sólo por la afición de Huerta a la yerba, sino por su parecido con ese insecto.

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En 1915, los carrancistas prohíben la mariguana y renuevan esta medida en la Constitución de 1917. La intención es crear nuevos ciudadanos para evitar la “degeneración de la raza”. Los constitucionalistas no lo consiguieron pero sí favorecieron la degeneración de políticos y policías, quienes continuaron con el contrabando de drogas. En 1920, Venustiano Carranza ratifica la prohibición de la substancia. Esto representa la derrota del modelo médico de concebir el consumo como enfermedad, ante el modelo represivo político y judicial que lo considera un delito, pero ambos poderes sucumben a las mieles irresistibles de la corrupción. Esto provoca la persecución social de los consumidores.

En los años veinte, aparece un nuevo tipo de consumidores: los esnobs, que no participaron en la Revolución Mexicana pero simpatizaron con ella. Primero están los muralistas, encabezados por Diego Rivera, quienes en 1922 intentaron despenalizar el comercio de la mariguana, vedada por los carrancistas, pero tuvieron experiencias desafortunadas con su consumo y la dejaron. Otro esnobs son los jóvenes poetas, como Xavier Villaurrutia y Salvador Novo; quienes crean la cultura de las azoteas en la ciudad de México, para fumar mariguana y vivir libremente el amor prohibido. Los futuros Contemporáneos tuvieron resultados y generaron una nueva corriente literaria al dejar de lado la inspiración belicista y escribir novelas modernas.

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Despenalización en el Cardenismo

En los años 30, la mariguana está en todas partes: salones de baile, literatura, cine, en la calle, pero pese a su popularidad el gobierno mexicano es sumiso a la política prohibicionista que impone al mundo Estados Unidos en 1937 de manera unilateral y hegemónica. Ante el panorama represivo destaca el intento del doctor Leopoldo Salazar Viniegra, en 1939, por descriminalizar el consumo y tratar a los adictos como enfermos y no como delincuentes. La tolerancia a las drogas duró sólo 6 meses, ya que debido a las presiones de EU se restableció la prohibición.

Símbolo de protesta juvenil

Desde los años 50, los jóvenes adoptan actitudes de rebeldía ante el mundo adulto y la represión que se les imponía. A través del rock, la sexualidad libre y el consumo de mariguana mostrarán su malestar. Aunque su música fue censurada por la sociedad, en la Literatura de la Onda la yerba se convertía en el personaje principal en las novelas de José Agustín “Inventando que sueño” y de Parménides García Saldaña “Pasto verde”, por ejemplo.

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El festival de rock de Avándaro, septiembre de 1971, fue la mayor reunión masiva de jóvenes sin convocatoria gubernamental en México, y ocasionó la satanización de la mariguana, del rock y de la juventud. En 1978, el periodista Humberto Musacchio comenzó una campaña para retirar la prohibición desde el periodismo cultural, aunque su propuesta fue vapuleada por sus colegas comunistas. En 1985, el sociólogo Juan Pablo García Vallejo publicó el primer Manifiesto Pacheco, donde reivindicaba el consumo como un derecho cultural psicoactivo.

En los años 90, algunos intelectuales, como Octavio Paz y Carlos Fuentes se manifestaron por la despenalización de esta droga. Esto es muy significativo porque es expresión de un sector de no consumidores que promueve su legalización para terminar con las consecuencias del narcotráfico.

Ciudadanos cannábicos

Marcha en Madrid por la legalización cannábica. Foto: Wikipedia

Con el inicio del siglo XXI, los nuevos consumidores salen a la calle para darle rostro al Movimiento Cannábico Mexicano, la disidencia psicoactiva social. Con ello, trasladan el tema de la despenalización a los medios de comunicación, a las universidades y a los partidos políticos. En 2008, la simpatía de los jóvenes cannábicos hacia los institutos políticos emergentes desemboca en la Iniciativa Conde, en la cual proponen su legalización para uso recreativo, medicinal e industrial. Otros partidos, como el PRD y Convergencia, también se sensibilizan y presentan diversas iniciativas de ley, pero desvinculadas del Movimiento Cannábico, las cuales quedan en el olvido.

El ex presidente Felipe Calderón, ante el fracaso de su guerra contra el narcotráfico y la violencia excesiva, en 2009 despenaliza el uso de dosis personales de varias drogas. La Iglesia Católica fue y es una fuerte opositora a la medida. En 2010, Calderón da carta de ciudadanía al debate de la despenalización restringida. Por su parte, en 2011, Marcelo Ebrard, ex jefe de Gobierno del Distrito Federal, aprueba los derechos humanos para usuarios de sustancias proactivas. Tanto la tolerancia de dosis personal como los derechos humanos psicoactivos son producto del activismo del Movimiento Cannábico, pero los gobiernos no difunden masivamente estos cambios y se restringen sólo a políticas de conveniencia.

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Actualmente, más de una decena de países latinoamericanos ya han despenalizado el consumo. Por ello, las campañas mediáticas acerca de legitimar su uso, se dedican a desprestigiar la propuesta y a cansar a la sociedad mexicana. La legalización de las drogas camina lentamente, pero es una tendencia global que tiene cada vez más simpatizantes, y que a la larga se adoptara en todo el orbe. No hay que olvidar que la prohibición lleva solo un siglo, antes su consumo era legal. Hoy la despenalización tiene cada vez más simpatizantes, entre consumidores y no consumidores, lo que ratifica el refrán popular, “lo nuevo es lo viejo que viene de regreso”.

* Sociólogo, autor del libro La disipada historia de la marihuana en México, y editor de la Gaceta Cannábica.

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