A pesar de que el cierre de campaña de Andrés Manuel López Obrador fue anunciado anticipadamente por obra y gracia de alguna fake news sospechosista, y no se consumó como Peje Latino (figuraban Molotov, Lila Downs, Manú Chao, y hasta Paty Navidad y La Niña Bien “pejista”) la AMLOFest culminó con un cierre avasallador. Tumultos de seguidores y mujeres convencidas del Proyecto Alternativo de Nación que encabeza López Obrador, arribaron por todas las vías que desembocan al estadio Azteca para presenciar el último acto político del líder nacional de Morena, camino a ocupar la Presidencia.

Fiesta de lo insólito, celebración de lo inaudito en la que se congregaron las más diversas clases sociales de la ciudad de México, y del país, porque también acudieron de distintos estados de la República pejista. Apretujones, ligeros magullones, paciencia y calma chicha, fueron recurso obligado y boleto de entrada en las desbordadas filas para ingresar a las gradas del estadio Azteca. Pero al calor del arremolinamiento y del clima sudoroso, brotaron los gritos imprescindibles de batalla: ¡Es un honor estar con Obrador! El canto de las sirenas morenistas en cada uno de los mitines ultra masivos que AMLOVE realizó por todo el país, y que un ejecutor anónimo de la popular “hojita” (la pequeña lámina doblada, tocada con la boca) armonizaba con su “instrumento” los sonidos de las frases coreadas en las filas de entrada: ¡Presidente, presidente..!

En medio del desordenado pero no caótico acceso en los alrededores de las entradas donde supuestamente se repartirían los boletos gratuitos, que no se localizaron por ningún lado, los pocos revendedores caían como agua fresca en el calor intenso y agobiante, ofertando a 20 pesos los boletos.

Algunos se trasladaron al estadio Azteca portando la verde, la camiseta de la selección nacional que en esos momentos simbolizaba una mañana amarga, por el marcador 3-0 contra México y el triunfo para Suecia. ¡Vamos muchachoooos! parecía recordarnos la narración del Perro Bermúdez ante la esperanza de México, que en el caso del Mundial de Futbol era Corea, como lo dibujaron los memes.

Los sones veracruzanos con cuatro féminas integrantes, guapas y talentosas, dio una muestra de que sólo Veracruz es bello, sobre todo cuando se trata de virtuosas instrumentistas en el arpa, las jaranas y como coristas. ¡Es un honor estar con Obrador! Alentó la cantante principal que recibió una respuesta contundente dentro y afuera del estadio donde se instaló una pantalla gigante, mientras ríos de gente seguían transitando por las rampas del Azteca, buscando una entrada autorizada para dejarlos pasar.

Margarita “La Diosa de la cumbia”, Eugenia León y Belinda, encabezaron el cartél de cierre de campaña apoteósico, estelarizado por Eugenia León con sus canciones cándidas y poéticas. Seguida por el ritmo de las cumbias salseras de Margarita, quien sacudió a las audiencias con una estupenda coreografía y dio paso a Belinda que apareció con una guitarra eléctrica y su contagioso pop, con un original atuendo y gafas oscuras proyectadas en las dos enormes pantallas laterales.

En su primer tema la joven vocalista se pasó a la batería y la aporreó con energía, mostrando su dominio sobre los tambores y platillos, desplazándose por la pasarela al estilo Mick Jagger montada al frente del escenario. Con cambio de vestuarios y una proyección escénica acompañada por un grupo de bailarines, Belinda brilló con sus movimientos portando un impermeable blanco con los colores de la bandera mexicana en las mangas, y el águila republicana en la espalda. Un cambio de atuendo más, acompañada de trompetas de mariachi para externar la canción ranchera que es lo mejor que interpreta, ataviada con un vestido entallado y delicado no precisamente como china poblana sino de sirena poblana, norteña, veracruzana, chilanga, mexicana, con sombrero de charra y la divinidad de la belleza al estilo Rosita Quintana de la era Millenial. “Como quien pierde una estrella” fue una de sus interpretaciones con mariachi que haría caer a sus pies al mismísimo Potrillo, acompañada por un invitado sorpresa en dos canciones: Espinoza Paz, que probablemente desconcertó repentinamente a los intelectuales orgánicos gramscianos, de la vieja izquierda, asociándolo con el autor de El laberinto de la soledad, cuando lo presentó Belinda. A dueto con Espinoza Paz que no tiene ninguna relación con Octavio Paz, asomaron las luces de los celulares como quien enciende una estrella; luciérnagas coreando los temas familiares para las audiencias masivas que reconoce a este cantante vernáculo, como un icono nacional.

México lindo y querido reventó como un zambombazo, diría el Perro Bermúdez, que vibró por todo el coloso de Santa Ursula cien años, pero no de Macondo. Un Azteca infatigable con sus coros expandidos como la ola futbolística: ¡Es un honor luchar con Obrador! y ¡Presidente Presidente..! retumbando en su centro la tierra a diferencia de sus antaños cantos: ¡México, México vibrados en otras ocasiones. La multitudinaria concurrencia rebasó los récords de entrada superando a las dos copas mundiales. México lindo y querido si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí, continuó Belinda con el AMLOFest, en medio de los promocionales electrónicos circulatorios, colocados a los lados del estadio Azteca: Morena la esperanza de México.

El cierre de campaña de AMLO alcanzó la magnitud de conciertos como los de Michael Jackson, Gloria Estefan, U2 con Bono, o una final de un Mundial en el mismísimo recinto donde el ahora candidato a la gubernatura de Morelos, realizó la cuauhtemiña, y también estuvo presente como morenista.

Con los ecos que dejó México lindo y querido, y el tema de Morena de fondo, Andrés Manuel arribó por el túnel que conduce a la cancha del estadio Azteca. Acompañado por su esposa Beatriz Gutiérrez Muller, el candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia

recorrió uno más de los largos corredores que conducen al estrado; una especie de pasarela que envidiaría Mick Jagger por sus dimensiones. Pero no se trata de un pasaje para saludar a los fans o darse un baño de pueblo sino para mantener el contacto permanente con la gente.

AMOLOFest

¡Oeee oeee oeee, AMLO, AMLO…! coreaban futbolísticamente los amlovers, mientras Epigmenio Ibarra filmaba las imágenes y Andrés Manuel continuaba haciendo historia, levantando las manos para saludar, repartiendo besos, firmando autógrafos, tomándose selfies, estrechando las manos. Besos que le propinan las mujeres como si fuera pila de gua bendita y que él también les estampa; besos que se extendieron en el estadio Azteca a la comunidad gay cuando un amlover se tomó una selfie, con la bandera del arcoíris, y le plantó un beso a AMLO. En esta fiesta de cierre de campaña Tláloc también se sumó para hacer historia, deteniendo la tormenta que cayó después de concluir el evento.

Con un discurso reiterativo, extenso, y para decirlo con toda claridad muy colgado, López Obrador se instaló como si estuviera en la sala de su casa, enumerando cada uno de sus compromisos. Era necesario reafirmarlo, aunque se haya escuchado innumerables veces. Memorando a los luchadores sociales como Valentín Campa, Rubén Jaramillo, Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas y una larga lista del equipo de Morena. Pero también dio un repaso importante a los grandes pensadores de México como Elena Poniatowska, Sergio Pitol, Fernando del Paso y nuestro epopéyico Carlos Monsiváis.

Pocas veces en la historia de México, un líder nacional ha logrado congregar a los más heterogéneos sectores, desde el ciudadano de a pie a la estrella de televisón y por supuesto, la inclusión de las mujeres que son fundamentales en el proyecto de un líder incluyente y un estadista que conduce al país hacia una nueva historia que todos y todas estamos escribiendo. Es el canto de la Nación que se escuchó a través de “La paloma juarista” en voz de Eugenia León; el canto por la cuarta transformación desde un cierre apoteósico de campaña, que culminó con el himno nacional entonado por Eugenia León.